El problema de los malos tratos se gestiona con “mentiras, abandono, y desidia”. Lo dicen los policías que tienen que proteger a las víctimas a diario sin los medios suficientes. Por eso los sindicatos policiales han exigido hoy mayores recursos humanos y presupuestarios para poder garantizar la protección de las mujeres que los sufren.
El Sindicato Unificado, la Confederación Española, la Unión Federal de Policía, el Sindicato Profesional de Policía y el Sindicato de Comisarios (representan entre todos a 70.000 policías)aseguran que miles de víctimas sufren “objetiva indefensión” .
Desde la entrada en vigor en 2004 de la Ley contra la Violencia de Género, los protocolos e instrucciones que se han aprobado “han denotado un alto grado de ineficacia” ya que “carecen de contenido eficaz” y “no llevan aparejados presupuestos reales que garanticen su efectividad”, dice un nota conjunta de estos sindicatos.
Por ejemplo: existe una instrucción que limita a doce las víctimas que pueden ser atendidas por un solo policía para garantizar una mínima protección, y en Madrid cada agente “tiene a su cargo a 25 mujeres y en Valencia o Murcia a más de veinte”, recuerdan los policías. Y eso, si hay suerte. Hay policías, como los dos que integran la unidad de Puente de Vallecas, que se encargan de 600.
Cuando el móvil suena de madrugada su señora, medio dormida, bromea con él. “Es una de tus mujeres”, le dice. Y siempre acierta. Él es inspector de policía y su número está el primero en la agenda de 15 víctimas de malos tratos. Sabe sus nombres, cuántos hijos tienen, dónde viven. Sabe que tienen miedo. Pero lo que nunca sabe es cuándo llamarán. Y duerme pegado al teléfono. Por si acaso.
-A vuestro primo lo van a crujir». En argot policial, crujir: acabar con alguien, en sentido figurado o literal. El comisario va pasando las fotocopias con una sonrisa irónica en la boca y otra asombrada en los ojos. «Joder. ¿Y este tío ha tenido los cojones de daros esto?». Se trata de partes de denuncia -presuntamente- falsificados por la propia policía, con anotaciones manuscritas de los responsables de una comisaría urbana pequeña, lluviosa y tranquila. También hay transcripciones de grabaciones ilegales.