Cuando embarcó en el Corisco, Francisco García Ambrit, pescador de Santa Pola, sabía que era su último viaje. Un par de meses más al mando del barco portugués y volvería a tierra, con su mujer y sus dos hijas. De sus 47 años, 30 los vivió en la mar y creía que era el momento de abandonarla. Pero la mar no quiso. Y el domingo por la noche, cuando echaba un cabo por la borda, 500 millas al sur de las Azores, se lo tragó.
“La mar es peligrosa, las faenas de la pesca tienen riesgos y todos podemos tener un accidente, también los mejores. Él era de los mejores”, dice José Ramón García, patrón mayor de la Cofradía de Santa Pola. Ni García ni los demás compañeros se lo creen aún. Llevan una semana mirando el teléfono. Primero, pendientes del Nuestra Señora Loreto, el pesquero que rescató a 26 inmigrantes a 90 millas de Libia. Y ahora, a la espera de que una voz al otro lado les diga que han encontrado a Francisco. Oficialmente, es un desaparecido. Para ellos está muerto: “Que nos digan que han encontrado el cuerpo es la mejor noticia que nos pueden dar ahora. Soy de esta profesión, y soy muy realista. Es complicado encontrar un hombre así. No tengo esperanzas”, explica el patrón mayor.