El lunes, en un pequeño pueblo de Ourense, apareció un hombre con un disparo en la cabeza. No se trataba de un suicidio más. El muerto era un hombre modesto al que hace sólo seis años le tocaron 1.600 millones de las antiguas pesetas. Nadie se explica cómo en tan poco tiempo pudo perderlo todo, además de la vida.
- Qué… ¿No echas hoy la Primitiva?
Cuando Toño le pregunta al parroquiano si juega, el hombre duda.Un cartel le anima: «Lluvia de millones. 9.698.301,14 euros.Vendido aquí en 2003». Después mira a través de la puerta del bar. Enfrente, clavado en un árbol, ve otro cartel. Es la esquela que anuncia el funeral de José Manuel Calvo Vaz, el hombre que acertó los seis números y ganó casi 10 millones de euros hace seis años. El mismo hombre que, el lunes, encontraron dentro de su coche con un tiro en la cabeza a unos cuatro kilómetros del pequeño bar de Riós (Ourense) donde selló su mala fortuna.
Nadie en el pueblo, de unos 2.000 vecinos, se explica por qué Chemanel, como le llamaban, decidió (presumiblemente) pegarse un tiro en una finca casi inaccesible, a dos kilómetros de la impresionante casa que se había construido con el dinero del premio y dentro de su todoterreno Nissan, uno de los coches que le fascinaban. «Estaba algo raro últimamente», comentan algunos.«Quizá la suerte ya no le sonreía», elucubran. Dicen también que su empresa iba mal, que le gustaba el juego y que montó negocios en los que no tenía ninguna experiencia y que no supo llevar.«¿Pero cómo pudo fundirse más de 1.600 millones de pesetas en menos de seis años? No puede ser. No pudo». No alcanzan a imaginarlo.Y niegan con la cabeza.
“Bonita, ¿quieres un caramelo?”. Mari Luz “se quedó parada en el portal”, declaró Del Valle. “Entonces salí a la puerta y le enseñé un chupachups”. Después contó que la niña comenzó a subir la escalera, se asustó, se cayó y se golpeó en la cabeza. Que entonces la metió en un carrito de la compra y se la llevó a una zona cercana. “Dejé a la niña sentada sobre una rejilla [...] Cuando me marchaba miré hacia atrás y me di cuenta de movía los pies. Al ver el panorama me fui ligero a mi casa y tiré el carro enfrente, en un contenedor de basura”,
Cuando rodó su primera película, a los 29 años, Kar Wai ya sabía lo que era ser un exiliado (en Hong Kong, desde los cinco años) y conocía bien el sentimiento de pérdida. También había visto varias veces Malas calles (Martin Scorsese) y Extraños en el paraíso (Jim Jarmush), había escrito decenas de guiones y pasado las noches de varios años en garitos de dudosa reputación bebiendo con amigos cercanos al hampa y metiéndose en peleas. Por aquel entonces todavía creía que para contar una historia hay que hacerlo en el sentido de las agujas del reloj, pero ya empezaba a preguntarse cómo detenerlas.
“Hola Irene. Vivo en Gijón, Asturias, pero antes vivía en Sevilla capital. Vi tu anuncio en la revista Bravo y me he decidido a escribirte, me gustaría que fuéramos amigos. Dime cómo eres, qué haces, qué estudias. Me gustaría que, si puedes, me mandaras una carta con una foto tuya, claro, si tu quieres, te doy mi móvil para que nos mandemos mensajes de texto [---]. Yo soy simpático, leal, formal, amable, cariñoso, sincero y me gusta hacer reír y mi dirección te la pongo en esta carta abajo. Escríbeme pronto. Besitos. Santiago del Valle García”.
Cuando abandonaron a
“En cuanto al caso Mariluz, yo soy inocente, y creo que mi hermano también es inocente”. Eso escribe Rosa Del Valle, imputada con su hermano