El Comité de Tortura de Naciones Unidas estudiará la actuación del Gobierno español en el caso de Lauding Sonko | La Audiencia sobreseyó el caso contra los guardias civiles por motivos formales
El Comité de Tortura de Naciones Unidas ha admitido a trámite una denuncia por la muerte del inmigrante senegalés Lauding Sonko, que falleció cuando intentaba entrar a nado en Ceuta junto a otros tres subsaharianos en septiembre de 2007.
La denuncia presentada por la familia contra tres guardias civiles acusados de pincharle el flotador fue sobreseída por la Audiencia Provincial de Cádiz en Ceuta, no por falta de pruebas sino por cuestiones formales. Ahora el Comité de Tortura ha pedido que se abra una investigación para esclarecer si el Gobierno español actuó de forma incorrecta, informa Efe.
El Comité recibió el pasado mes de noviembre la documentación judicial del caso que le envió la hermana de Lauding, Fatou Sonko, residente en España. Fatou, además de esta denuncia, ha presentado una reclamación patrimonial ante el Ministerio de Interior para demandar una indemnización.
“Pincharon los flotadores”
La familia sostiene que los tres guardias civiles pincharon los salvavidas de cuatro inmigrantes a quienes interceptaron en el mar . Uno de ellos se ahogó porque no sabía nadar.
Los hechos ocurrieron el 25 de septiembre de 2007 por la noche, frente a las costas de Ceuta, cuando una embarcación de la Guardia Civil, con tres agentes, interceptó a cuatro subsaharianos -tres hombres y una mujer- que intentaban acceder a nado a la ciudad, procedentes de Marruecos.
Los agentes detuvieron a los inmigrantes, les esposaron y volvieron con ellos a aguas marroquíes, donde a unos cien metros de la costa les empujaron al agua y les pincharon con un cuchillo los salvavidas que llevaban.
Un senegalés de 29 años “comenzó a pedir auxilio diciendo que no sabía nadar, lo que, en principio, tomaron a broma los agentes”, que empezaron “a reírse de la situación”, según el escrito del Fiscal General del Estado dirigido a la Fiscalía de Cádiz y Ceuta, en el que ordenó investigar los hechos por su “posible trascendencia penal”.
El escrito precisa que finalmente los agentes “se percataron de la realidad” y un guardia civil se tiró al agua para sacar al inmigrante y tratar de reanimarle, pero fue demasiado tarde.
La versión de sus compañeros
D.T., uno de los hombres que trataban de llegar a España aquella noche, declaró ante el juez, cuando estaban llegando a España fueron interceptados por una patrullera de la Guardia Civil que los subió a bordo, regresó con ellos frente a la playa marroquí de Belionex y cuando estaban “no muy lejos de la orilla pero tampoco cerca”, pincharon con un cuchillo todos los flotadores y los tiraron al agua “a una altura en la que ninguno de ellos hacía pie”, mientras en la playa había un grupo de militares marroquíes esperándoles.
El joven costamarfileño, de 22 años, relata en su declaración que un senegalés se resistía a ser arrojado al agua, para lo que “se agarraba firmemente a la barandilla de la embarcación” y “muy nervioso, repetía una y otra vez que no sabía nadar“, pero los guardias civiles “emplearon la fuerza para soltarlo y tirarlo al mar”.
Seguidamente, según su testimonio, agarraron a la mujer y la tiraron al agua, luego a un camerunés y finalmente a él, que explicó su versión ante un abogado de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) pero ha comunicado a la juez que instruye el caso que se encuentra a su disposición para ampliar o ratificar esta declaración.
La Fiscalía General del Estado denunció estos hechos como constitutivos de un presunto delito de homicidio por imprudencia. Los tres guardias civiles aseguraron en su declaración que sólo intervinieron para “ayudar al fallecido y a los otros subsaharianos”. Los agentes de las fuerzas de seguridad españolas dijeron también que actuaron “siguiendo órdenes de Marruecos”. Fueron sobreseídos.
El testigo, sin embargo, afirma que el senegalés se estaba ahogando “y no paraba de gritar auxilio diciendo ‘aide-moi, aide-moi‘ (ayúdenme, ayúdenme)”.
Fue entonces cuando uno de los guardias se tiró al agua, agarró al inmigrante y lo llevó a la orilla, donde empezó a hacerle masaje cardíaco, mientras los militares marroquíes “estaban distanciados, observando los acontecimientos.
Uno de los testigos de los sucesos acontecidos aquella madrugada, el inmigrante Fabián Dedé anunció recientemente que está escribiendo un libro sobre su experiencia aquella noche.
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Publicado en ADN.es
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