Peor que pegar a un padre

8.000  familias denunciaron a sus hijos por agresiones en 2007 | En algunas provincias el número de casos se ha multiplicado por 7 en los últimos 4 años y en otras ya son más los críos que vejan a sus padres que a la inversa | Los fiscales denuncian que los servicios sociales les remiten estos casos  porque carecen de recursos para tratarlos.
José siempre se portó bien. Tiene 14 años y vive con sus padres (él es empresario, ella ama de casa) y su hermana pequeña. Pero hace cosa de un año empezó a desobedecerles constantemente y se negó en redondo a volver al instituto. El psicólogo dijo que su comportamiento se debía al “cambio de edad” y que el chaval no tenía problema ni trastorno alguno. Hasta que, un día, José les amenazó con un un arma blanca.

La familia de José huyó de casa y llamó a la Policía. Pero no fueron sólo ellos. Otros 8.000 padres denunciaron a sus hijos ante los tribunales en 2007. Mil familias desesperadas más que en 2006 y 2.500 más que en 2005. Los padres ya no aguantan más amenazas, insultos ni agresiones. Sólo en la Comunidad Valenciana, por ejemplo, el número de los que han sido agredidos por hijos se ha multiplicado por 7 en los últimos 4 años (eso ateniéndose sólo al número de denuncias). Y la Fiscalía General del Estado ha detectado que, por primera vez  en algunas provincias hay más hijos que pegan a sus padres que al revés.

Mientras las denuncias se multiplican, los expertos coinciden en reconocer que el comportamiento de un hijo que pega a su padre es “claramente antinatural”. Nueve de cada diez son chicos y aunque hay críos muy pequeños (casos documentados de niños de 7 años) suelen tener entre 12 y 18, y el mayor número de casos se produce entre los 15 y los 17. Además esta violencia “se da más en familias de clase media y alta que en las de más baja extracción social”, destaca Francesc Xavier Moreno, psicólogo y profesor de la universidad de Barcelona.

Los ataques van desde el desplante y la amenaza hasta los insultos, vejaciones y agresiones físicas. Las víctimas son, en la mayoría de los casos, las madres. Pero hay cosas difíciles de aceptar. En general los padres “aguantan hasta el final” los actos violentos de sus hijos, asegura Moreno. Al principio “mientras la violencia se gesta porque la entienden, equivocadamente, como un comportamiento normal motivado por la edad del niño, y por los procesos de afirmación de su personalidad”. Y después, cuando las agresiones se convierten en algo difícil de soportar, resisten porque temen “exponer su fracaso como padres, están convencidos de que el asunto atañe estrictamente a la familia y en ella hay que resolverlo o sienten que no existe solución”.

¿Los padres educan mal o los niños son malos?

Pero después de eso, el acuerdo se acaba porque las teorías sobre las causas del problema difieren. “Durante unos años se ha educado a los hijos dejándoles hacer, y eso les ha convertido en pequeños dictadores. A los padres les falta tiempo, no son suficientemente adultos, o llevan mal su separación. Y entonces se dedican, más que a educarles, a ganar su cariño e incluso a comprarlo“, dice Javier Urra, psicólogo experto en niños y ex Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. “Cuando un niño está muy alto es porque alguno de los padres lo ha subido a hombros”.

Otros expertos  no coinciden con él. “Es cierto que se ha producido una pérdida de capacidad educativa de toda la sociedad, incluídas las familias”, dice Vicente Garrido Genovés, psicólogo y autor del libro Los hijos tiranos: El síndrome del Emperador.  “Chicos con tendencia a ser violentos que hace años se hubieran contenido, hoy en día pueden imaginarse pegando a sus padres. Ellos no son así porque sus padres sean permisivos. Algunos chicos son muy difíciles de socializar. No sienten empatía, ni responsabilidad, ni tienen sentido de la justicia. Y esto forma parte de su constitución biológica”.

Es muy difícil denunciar a un hijo

La pelea entre padres e hijos está en empate técnico. Sólo en Madrid, los niños que han sufrido alguna agresión en casa son el 15% de las víctimas de violencia doméstica. Los padres, el 14%. “Son cifras muy importantes que evidencian que padres e hijos son personas que por sus relaciones psicológicas y afectivas y dependencias pueden ser especialmente vulnerables  en el círculo familiar”, dicen los fiscales madrileños. Además, precisamente por esa relación afectiva, a violencia “va a provocar más daños que cuando se ejerce sobre cualquier otra persona.

Algo fundamental tiene que haberse roto para que un hijo levante la mano contra su madre. Y, para ella, denunciarle puede ser incluso más difícil de lo que, en ocasiones, le resulta a una mujer maltratada acusar a su pareja.  Encausar “este tipo de delitos en los que agresores y víctimas mantienen una relación tanto afectiva como de dependencia personal y económica“, cuando además perdura “el tradicional concepto aún arraigado en nuestra sociedad de qué se trata de cuestiones que no deben trascender fuera del ámbito familiar ” da lugar a muchas dificultades, recuerda la fiscalía.

Cambios en la ley

No sólo es difícil llegar a poner una denuncia. También que siga su curso. La ley es confusa y, algunos tribunales, sólo consideran delito la agresión de un hijo a su padre si ambos conviven. Por eso muchos golpes no se pagan penalmente aunque lleguen a un juzgado. La Fiscalía de Madrid “ve con preocupación esa situación” y considera que la violencia de hijos a padres requiere “una respuesta punitiva más severa”.

Por ejemplo, ahora mismo muchos hijos de padres separados no conviven con alguno de los dos. Y si le agreden, hay tribunales que no lo consideran delito porque no comparten techo. Hasta tal punto han cambiado las familias y han aumentado los casos que los fiscales de Madrid, Cantabria, Córdoba y Badajoz consideran “necesaria una reforma legislativa” para arreglar esta situación, y que no se exija la convivencia cuando víctimas y agresores son padres e hijos, naturales o adoptivos.

Pero incluso aunque haya denuncia y sentencia, muchas veces esta se incumple. Cuando los hijos carecen de recursos propios para abandonar el hogar y además se les impone una medida de alejamiento resulta “en la práctica un fracaso ya que las propias víctimas acaban acogiendo de nuevo a su hijo antes de permitir que carezca de un lugar donde vivir”, constata la Fiscalía de León. “Es necesaria una respuesta de los servicios sociales”, reclama.

Faltan recursos

El problema aumenta y las administraciones se sienten impotentes. La Justicia  insiste en que la respuesta penal no es suficiente. La última en recordarlo ha sido la Fiscalía General del Estado, que en su memoria de 2007 denuncia “la escasez de recursos para dar un tratamiento adecuado a estos problemas”. En Jaén, por ejemplo, una comisión pidió que se crearan equipos especiales para tratar a estos chicos, pero la medida nunca se aprobó. En Cádiz, denuncian, “se sigue recurriendo al Fiscal de Guardia para que resuelva las crisis entre los menores y sus progenitores, obviando otros mecanismos menos traumáticos”.

Los padres cuentan que, aveces, son los propios organismos de protección de menores quienes los derivan a los fiscales cuando surgen “crisis y desavenencias familiares en las que no llega a cometerse un delito”. Y “los padres acuden a la Justicia  porque no pueden con sus hijos, que no les obedecen ni respetan los límites de convivencia familiares”.

Pero poco puede hacer un fiscal si no hay delito. “A pesar de que es evidente que en estos casos la capacidad de actuación de la Fiscalía es muy limitada, cada vez  más habituales estos casos sin que la administración competente de una solución”, se quejan los fiscales. Ellos echan en falta que los servicios sociales ofrezcan a padres e hijos “el asesoramiento y la ayuda necesaria para resolver sus diferencias”.

Educar a los padres

Manuel Córdoba es el director del centro de menores El Laurel, en Madrid, que en este momento tiene ocupadas sus 22 plazas. “Este último año la avalancha de casos ha sido enorme”, admite. Ellos asesoran a los jueces que son quienes deciden finalmente, cuanto tiempo va a pasar allí el chico. La media está en torno a un año y no todos en régimen cerrado, sino abierto o semiabierto según los casos. Mientras ellos asisten a clase, psicólogos y trabajadores sociales tratan de educar a sus padres.

“Los chicos pagan, pero a veces son las víctimas. En muchas ocasiones el problema no es del chico, sino de una familia enferma“, dice Córdoba. Y las resistencias de los padres a admitir que lo han hecho mal son muy fuertes. “Son familias que antes de denunciar a su hijo intentaron muchas cosas, desde la parroquia al psicólogo del colegio. Después lo llevan a un profesional y a otro, buscando que les digan lo que quieren oír. A veces nunca conseguimos que entren en los programas de reeducación. Entonces tratamos de dar al chico herramientas para que acepte la situación y canalice de otra forma su agresividad”, explica.

Para no criar un hijo dictador

Mucho antes de ese momento, existe la posibilidad de evitarlo. En las recetas para atajar el problema, los expertos sí coinciden. “Saber frustrar, diferir las gratificaciones, y poner límites es esencial. Saber decir no es querer a un hijo”, dice Urra. Garrido pide a los padres que no se confíen: “Si el niño muestra desde pequeño falta de afecto, insolencia y desobedece, lo más importante es no cometer el error de pensar que eso va a mejorar. Y conservar siempre la autoridad”.

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Publicado en ADN.es

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3 comentarios

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3 respuestas a Peor que pegar a un padre

  1. Ana

    tengo una hija que me ha agredido 4 veces, dos de ellas me hacogido del cuello, no tengo mucha paciencia dicen, asi que la denuncie. En el juzgado de Menores la fiscalia que instruye el expediente solicita el sobreseimiento y archivo delcaso, ya que consultado el equipo tecnico se concluye que la tramitacion del expediente supondria una respuesta desproporcionada al interes del menor, procediendose al sobreseimiento y archivo.
    El mismo equipo tecnici fue el que me recomendo la denuncia. Diganme ustedes si con estas sentencias se arregla algo, o convertimos a los crios en delincuentes. Si pueden pegar a su madre y no hay castigoentonces que hacemos? En mi caso aunque quiero a mi hija no la acmito en casa, tengo suerte ,estoy separada y esta con su padre, de no ser asi no se como lo solucionaria, yo no quiero convivir con nadie que me pegue.

  2. Ana

    ayer escribi algo, deseo recivir comentarios

  3. Paloma

    Ana, he leído tu caso. Yo tengo una hija de 15 años que me maltrata, he acudido a ” asesoramiento de víctimas del matrato” y después de 6 meses de intentar algo con ella , me han aconsejado denunciarla. Después de ver lo que te ha pasado a tí estoy desconcertada. Me parece injusto por nosotras mismas y por los hijos .

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