El mejor cliente
“Un cliente al que queríamos y que nunca nos causaba molestias era un joven que casi todas las mañanas se podía encontrar en un rincón de la Shakespeare & Company leyendo revistas, libros del Capitán Marryat o de algún otro autor. Era Ernest Hemingway. ‘Mi mejor cliente’, como el mismo solía llamarse, título que nadie le disputaba”, recuerda Sylvia Beach. Sylvia, escribió él, “tenía las piernas bonitas y era amable y alegre y se interesaba en las conversaciones, y le gustaba bromear y contar chismes. Nadie me ha ofrecido nunca más bondad que ella”.
