El Solitario cabalga de nuevo

José Mariano Trillo-Figueroa.“Soy inocente de la muerte de los dos guardias civiles y de la del policía municipal de Vall de Uxó. Es mi palabra de honor. No soy un asesino, y si me he visto obligado a disparar a agentes del orden ha sido siempre contra mi voluntad y para eludir mi detención”. Lo firma Jaime Giménez (con G) Arbe, el lunes 6 de agosto, en la prisión de Monsanto (Lisboa). El abogado de El Solitario, José Mariano Trillo-Figueroa , lo ha mostrado hoy a los medios de comunicación, de puño y letra del atracador, en una reprodución de más de un metro de alta. Para que quedase claro.

Trillo-Figueroa, actuando en todo momento como “abogado y portavoz” de El Solitario, ha expuesto las coartadas que, a su entender, demuestran que él no cometió ninguno de los tres homicidios que se le imputan. Ha acusado a la policía portuguesa de apalear a su cliente y a los funcionarios de la prisión de Monsanto de abusar de él. Y ha sacado a la luz un nuevo crimen: el de un pastor extremeño a quien “acribillaron a tiros porque lo confundieron con él”.

La historia es ésta: En 1996, Jaime Giménez Arbe atracó la Caja de Ahorros de Zafra (Badajoz) y se llevó 9 millones de pesetas. Dos guardias civiles le estaban esperando. Sacó sus armas y disparó 11 veces. “Tiene muchas hazañas pero cuento esta porque es especial. A él le pesa mucho. Jaime fabricaba placas falsas de matrícula y copió la de un R4 de un pastor de Zafra para ponerla en su coche”, explicó el letrado. Tiempo después, el pastor fue asesinado. “El Solitario denuncia a Rodríguez Galindo (ex general de la Guardia Civil) como autor, y a Rodríguez Ibarra (ex presidente de la Junta de Extremadura) como encubridor”, acusó.

Las coartadas

El Solitario, dijo su representante, imputa la muerte del policía municipal de Vall de Uxó al sargento Manuel Ferrandis, uno de los agentes que partipó en aquel tiroteo. A los guardias civiles de Castejón los mató, según dijo Trillo, “uno de sus cómplices franceses que usaba su coche”. No dice su nombre “por miedo”. Pero era “uno de sus conocidos de la mafia marsellesa”, la organización que “empezó a adiestrarle, en 1983″. Él “no pudo matar a los guardias civiles, porque ni siquiera estaba allí”.

¿Y dónde estaba? Según la primera versión de su abogado, le estaban operando de una rodilla en la Clínica Cemtro de Madrid. Pero después, Trillo aseguró que Giménez Arbe escuchó la noticia ese mismo día “en Cogullada, Zaragoza” y “pensó que había sido ETA”. Al hacerle ver su contradicción, y el hecho de que Cogullada está a sólo unos kilómetros de Castejón, en dirección a Madrid, el abogado aclaró que la operación fue “días antes.”

‘Emocionantes’ encuentros en Portugal

Trillo contó también algunos detalles de las conversaciones que mantuvo con su cliente en la prisión de Lisboa, durante los tres días en los que le visitó la semana pasada.

-Si quieres les digo a los periodistas que sientes respeto y cariño por las Fuerzas de Seguridad españolas, le dijo Trillo a El Solitario

-Hombre, tampoco hay que pasarse. Respeto, muy poco y cariño, ninguno.

“Cuando me encontré con El Solitario en la cárcel -prosiguió el abogado- me abrazó y se emocionó. Dijo que se alegraba de verme porque era la primera persona amiga que veía desde que fue detenido”, el 23 de julio en Figueira da Foz, cuando trataba de atracar un banco. Trillo Figueroa también sintió el abrazo (se conocían de antes, son vecinos, según admitió) y recurrió para explicarlo a una expresión familiar: “Y yo también me emocioné de que un hombre con tantos cojones se emocionase de abrazarme a mi”.

Allí, entre tanta emoción, el abogado dice haber visto como los funcionarios de la prisión entraban en la celda y “tocaban” a su defendido. “Va con un mono marrón, sin ropa interior”. Los funcionarios, dijo, le cachean varias veces al día y él se queja. “Dice que no hacen más que tocarle los cojones y que seguro que lo hacen con intenciones que van más allá de lo profesional”.

“Por la liberación del pueblo español”

Aunque El Solitario no quiera volver al lugar del crimen, volverá. Será extraditado porque en España tiene, dijo su abogado, 36 causas pendientes. “Cuando le pregunté a que prisión quiere ir me dijo que a Picassent, en Valencia”. Allí está “su único amigo”: José Antonio Martín, el batería de Burning, que cumplió pena con él en Carabanchel, en 1972, por robar en una tienda de música de la calle Jorge Juan, en Madrid. El hoy atracador de bancos se llevó, de aquella, un equipo y cuatro guitarras eléctricas. “Se quedó con una”, confesó su abogado. “Se define como un músico. Le encanta el rock”.

Pero Trillo prefiere que le lleven a la cárcel de Navalcarnero: “Allí está Emilio Rodríguez Menéndez” (también abogado, también cliente de Trillo, también vecino de urbanización, también conocido del atracador). “Estaría mejor arropado por clientes que yo defiendo y a mí me sería más cómodo”.

Mientras, el Solitario espera todavía en su celda de Lisboa, una habitación “con aislamiento doble, de cristal, sin ninguna intimidad”. Con cuatro fotos de 10×15 en la pared. Custodiado por “siete gorilas con pistolón y boina”. Con “una radio y una televisión que se ha comprado”. Mientras espera, como a Curro Jiménez, le siguen creciendo las patillas.

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Publicado en ADN.es

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