2 Julio 2007...0:00

La odisea de las madres patera

Saltar a Comentarios

Gloria, Messem y Joy llegaron en la misma zodiac a las costas españolas. La dos primeras estaban embarazadas. Joy trajo en la patera a su hija de dos años. Cada vez son más las inmigrantes que se agarran a sus hijos como anclas.

Rocío cruzó el Estrecho dentro de una barriga. Ella no llegó a ver la zodiac atestada de gente en la que su madre, nigeriana, se jugó la vida para llegar a Europa. No sabe que la mujer en cuyo vientre viajaba perdió el conocimiento entre las olas. Ni que en su misma patera murió de frío otra niña, un bebé de 3 meses. Rocío acaba de nacer en el hospital Punta de Europa de Algeciras (Cádiz). No lejos del cementerio donde descansa el cuerpo de su pequeña compañera de viaje, entre decenas de tumbas de africanos sin nombre.

Blessy y su hijo. Ella es una de las mujeres que ha llegado en patera con sus hijos e los últimos años. J.F. Ferrer.El año pasado, según datos de la Cruz Roja, arribaron a las costas de Cádiz 181 subsaharianas, con 29 bebés y 31 de ellas embarazadas. En 2005, con la estadística cerrada en mayo, han venido otras 53, casi todas nigerianas, 6 embarazadas y otras con 19 hijos entre los brazos, protegidos por sus cuerpos y atados al pecho o a la espalda con pañuelos. Todos, mujeres y niños, increíbles supervivientes de un viaje de pesadilla entre la realidad de la miseria y el sueño de vivir con dignidad.

Los primeros bebés patera desembarcaron en Cádiz como un tremendo aviso para la Europa que celebraba el inicio de un siglo XXI que nunca llegó a África. Fue en verano de 2000. La oleada de inmigrantes colapsó las infraestructuras de emergencia que hasta el momento existían para atenderles. «Antes había llegado alguna embarazada marroquí, pero niños tan pequeños, nunca. Lo de los bebés fue un choque muy fuerte para la gente de esta zona», recuerda Encarnación Márquez, vicepresidenta de Andalucía Acoge.

Siete de aquellas mujeres, una de ellas embarazada y otra con un crío, llegaron a la casa de los Franciscanos de la Cruz Blanca, en Algeciras. A partir de aquel verano a su encargado, Isidoro Macías, que casi nadie conoce por ese nombre, se le llama Padre Pateras. Casi 200 mujeres y decenas de niños han vivido en la casa de acogida que gestionan los frailes. Gloria, la madre de Rocío; Messem, a punto de parir, y Joy, con una niña de poco más de 2 años, llegaron juntas el 19 de abril. Ellas llaman a Isidoro papá.

Gloria es cristiana, fue a la escuela en Nigeria mientras pudo y habla un inglés fluido. Tiene 24 años, aunque el dudoso pasaporte que custodia entre su ropa dice que 27. Ella asegura que es sólo «un error». Ha dejado a su madre y a sus dos hermanas en Warri, un pequeño pueblo del delta del Níger donde venden plátanos para salir adelante. Ella se marchó de allí con algún dinero prestado, no dice por quién, y con un marido. Su odisea hasta Algeciras ha durado cuatro años. «Laos, Ghana, Burkina Fasso… Pasé por tantos países que no puedo recordarlos todos.» Primero, caminando.Después, en vehículos de las mafias para cruzar el desierto.«Ya no usan camiones, sino todoterrenos, para no llamar la atención», dice Gloria, que viajó durante días de pie en la parte de atrás de una camioneta. «Podíamos ir 30 o 40 personas al principio.Había gente en el techo», recuerda. Todos hacinados, sin defensa ante el polvo ni el sol, contando las bajas. ¿Cuántas? No se acuerda: «Allí murió mucha gente».

EL LARGO VIAJE

Foto: J.F.FerrerUna vez en Argelia, Gloria tuvo que conseguir 500 dólares, la tarifa que impone a cada persona un guía que les ayuda a pasar la blindada frontera con Marruecos, caminando de noche. «Y entonces hay que conseguir dinero. Dedicarse a la prostitución, robarlo, lo que sea. Otros países no te deportan, pero en Marruecos, si te localizan, te mandan a tierra de nadie.» Tierra de nadie es Oujda, cerca de Melilla, en la frontera con Argelia, donde cientos de emigrantes expulsados de Marruecos o España esperan el momento de poder intentarlo de nuevo.

A Gloria no la encontraron: «Con la cabeza tapada, pasaba por marroquí». Eso, las pocas veces que salía a la calle. Estuvo dos años prácticamente encerrada en un «hotel», dice. Una casa que compartía con otras 50 personas y de la que no podía salir para evitar ser detectada y expulsada del país. «Allí sólo te dejan estar si tienes dinero o la esperanza de conseguirlo. Mi marido salía a buscarlo. Era él quien se arriesgaba pidiendo por las calles. Cada día tratábamos de ahorrar, pero también había que pagar la estancia y la comida. Fue muy amargo. Estaba encerrada en una habitación muy pobre con muchísima gente. Tanta, que no podías ni contarla. Los marroquíes saben que no tenemos nada pero nos quieren robar, nos amenazan con la Policía», cuenta Gloria. Su marido espera en Marruecos a conseguir el dinero suficiente para pagar la patera que le pase a Tarifa. 1.200 euros. Algunas mujeres han llegado a pagar 11.000. Y todas, si hay que creerlas, han dejado un marido al otro lado del Estrecho. Desde la costa africana se ven las luces de Tarifa. En los días claros, se distinguen sin dificultad los coches y las farolas de la orilla rica del mundo. Después de recorrer media África andando, la visión se distorsiona. El riesgo del mar del Estrecho se minusvalora y las distancias engañan. Tampoco hay alternativas.

UN HIJO COMO PASAPORTE

Gloria se altera al recordarlo: «¡Claro que es un riesgo muy grande, pero qué vas a hacer! ¡No puedes quedarte en Marruecos!» ¿Y el bebé? «Sí tuve miedo. Por él y por mí. Pero es mejor cruzar embarazada que con un hijo de la mano.» Las cifras le dan la razón. En los últimos 14 meses, al menos 11 niños han muerto en naufragios tratando de alcanzar las costas andaluzas o canarias.Entre los últimos, seis bebés en las aguas de Tánger ahogados por el temporal de Levante, que se los llevó nada más salir.Ninguno llegaba a los 2 años y medio.

El viaje de Gloria desde Nigeria a Algeciras duró 4 años. Llegó embarazada y con 10 euros en el bolsillo. J.F. Ferrer.Las subsaharianas creen que un hijo puede ayudarles a quedarse en España. Gloria está convencida: «Europa no deporta a un bebé. Es más fácil conseguir papeles cuando tienes un niño». «Pero pensar que utilizan a los críos o que arriesgan fríamente sus vidas para pasar es una indecencia», afirma rotunda la vicepresidenta de Andalucía Acoge. «En Marruecos pasan años y muchas son violadas o se prostituyen para conseguir el dinero con el que pagar la patera. La mayoría se quedan embarazadas por el camino.»

Hasta noviembre de 2003, y solamente en Cádiz, si las inmigrantes presentaban un certificado sellado por la ONG que las acogía, Interior les concedía un permiso de residencia de un año por circunstancias excepcionales. Y, sólo si estaban embarazadas o tenían prole, conseguían también una autorización para trabajar.«Pero, a partir de esa fecha, la Subdelegación del Gobierno comenzó a denegar los permisos, alegando que eso animaba a las mafias a traer más gente», explica la vicepresidenta de Andalucía Acoge.Las ONG y algunos organismos ligados a la Iglesia lucharon por mantener los derechos de las inmigrantes. «Al final, conseguimos que el PP, en los últimos meses de su Gobierno, accediese a dar permisos de trabajo al menos a las que ya estaban aquí, residiendo en algún centro de acogida.»

¿LA TIERRA PROMETIDA?

Las mujeres que llevan más de un año en la casa del Padre Pateras consiguieron papeles. Jenny es una de ellas. Tiene 38 años y 6 hijos. Ella pasó el Estrecho con un bebé recién nacido y otros dos, de 2 y 3 años, atados con pañuelos a su cuerpo. Los tres restantes se quedaron en Nigeria. «Tardamos 14 horas en cruzar.Nosotros llegamos, pero veníamos 55 y murieron muchos. El agua se tragaba el barco», recuerda. En Nigeria, Jenny limpiaba y su marido conducía un taxi. Ahora trabaja como vigilante de aparcamiento, pero no le hacen contrato. Sus compañeras, las que llevan más tiempo en España, consiguen lo poco que ganan trenzando el pelo de las gaditanas. Legalmente. Sus hijos van al colegio y hablan español. ¿Qué les espera a las recién llegadas? Ahora no corren peligro de expulsión. En general, los subsaharianos no son repatriados porque no existen convenios con sus países y, a veces, ni siquiera vuelos. Además, a menudo es difícil saber con certeza de dónde proceden. «Desde luego, ni las embarazadas ni las madres son expulsadas. Pero tampoco se les dan ya papeles. Estamos intentando que vuelvan a concederles los permisos», explica la vicepresidenta de Andalucía Acoge.

Joy y su hija Vilma. J. F. Ferrer.La Cruz Roja de Granada alertó a mediados de junio del aumento de bebés patera. Mientras en 2004 llegaron a las costas granadinas 61 menores, en mayo de este año eran ya 92. Cada vez más mujeres y cada vez más niños. Para los marroquíes menores de edad que vienen solos hay centros de acogida públicos. Para las mujeres, no. Cuando llegan, son reanimadas en puestos de emergencia y atendidas por Protección Civil, Guardia Civil y Cruz Roja. Después se las lleva a comisaría. Y luego, nada.

BUEN TRATO

La Guardia Civil detectó la patera de Gloria, Messem y Joy a dos millas al sur de la playa de Punta Paloma. Y decidió dejarla llegar a tierra por miedo a que volcase si la interceptaban.«Perdí el conocimiento. Cuando me desperté llevaba puesto un pijama de hospital. Allí me trataron muy bien. Con mucho cariño», recuerda Gloria, y se le ilumina la cara. Con ella llevaron a Messem, también embarazada, y todavía hoy demasiado cansada y desilusionada como para contar su historia. Se niega, con la desconfianza propia de quien ha sobrevivido a la tragedia demasiadas veces. También fue con ellas Wilma, una niña de poco más de 2 años que llegó casi congelada. «La gente me dijo que sería fácil conseguir los papeles con un bebé», dice su madre, Joy. Pero aún no los tiene. Sigue buscando trabajo. Lo último que supo del padre de su hija es que estaba en Argelia, deportado por los marroquíes.

- ¿Qué tal te trataron aquí ?

- Bien. Si no hubiera sido así, ahora estaría muerta.

Gloria va a clases de español en el centro de Andalucía Acoge. Rellena fichas infantiles con las palabras que va aprendiendo.En casa, hace trenzas, limpia y prepara la comida. «En Nigeria imaginamos que en Europa hay trabajo. Y sabemos que el dinero que ganaremos tendrá valor cuando lo enviemos a casa. Mil euros allí son una barbaridad», dice. Para ella, ahora, 10 euros son un capital. Ése es el dinero que tenía cuando desembarcó en España.El atillo que traía lo perdió en el mar. Conserva, tan sólo, una foto de su familia. Y debajo de la cama de la habitación que comparte con una compatriota, una maleta rota donde atesora la ropa que será de Rocío cuando crezca, la última hija milagro de las pateras.

________

Publicado en Yo Dona

Deja un comentario