..y acaba de dirigir una película inspirada en su vida. Juana de Arco en París, Juana Calamidad para los ingleses y la Juanita Banana de Gainsbourg: la musa de la voz frágil inspira hoy a los músicos jóvenes. Y nadie ha conseguido susurrar como ella. Yo Dona la entrevista.
Desnuda, indolente, tendida de perfil sobre la cama. Tiziano pintó así a su Venus de Urbino. Entre abandonada y desafiante. Pero, al fondo del cuadro, dibujó a otra mujer. Está de espaldas, arrodillada y busca algo afanosamente en un baúl. La directora francesa Agnès Varda dio vida a ese lienzo en una película. Su Venus desnuda es Jane Birkin. La mujer del baúl, también. Y aunque lo inmediato es pensar que el primer papel es el que más le cuadra, el de la chica que busca le va de maravilla. Porque Jane B. se ha pasado así media vida: embalando y desembalando cajas de mudanza, arrastrando maletas, rastreando en los cajones retales de su historia.
«A veces, cuando se abren ciertas cajas, se encuentran trozos de vida extraordinarios», dice la actriz, que hace unas semanas terminó de rodar Boxes, su primer largometraje de ficción como directora, inspirado en su propia vida. «Hace 10 años que escribí el guión. Llevo una década queriendo hacerlo. Es casi autobiográfico, sobre una chica vieja, como yo, con tres hijas.»
Ahora, el bolso que Hermès bautizó con su nombre le pesa demasiado («¡Tengo una tendinitis en el brazo! Si fuera Hermès, pensaría seriamente en diseñar una limosnera»). Así que ha decidido darle la vuelta y vaciarlo del todo. Para su película, Jane se transforma en Ana, pero no esconde mucho más. Geraldine Chaplin, con quien ya trabajó hace años en El amor por tierra, de Rivette, interpreta a su madre, la actriz Judy Campbell. John Hurt es el compositor John Barry, su primer marido y padre de su hija Kate. Y Maurice Benichou (Caché) encarna, si eso es posible, a un trasunto de Serge Gainsbourg, el hombre que la convirtió en un mito logrando que gimiera en la canción más explícita de la historia, cuando ella le amaba… y él tampoco. La actriz ha usado como escenario la casa que compró hace 13 años en el Finisterre francés, la misma costa que su padre, el comandante de la marina David Birkin, peinó en noches sin luna para rescatar aviadores y partisanos y llevarlos a Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial.
David Birkin no podía imaginar que, un día, la posesión francesa más cercana a Inglaterra no sería Calais, sino una hija suya llamada Jane. La niña nació en Londres en diciembre de 1946, pero vive en París desde el 68, cuando, a los 22 años, conoció a Serge Gainsbourg y le cambió la vida. Desde entonces, se ha mantenido en equilibrio, con un pie a cada lado del Canal de la Mancha. «Para mí, Francia es mi profesión, el sitio donde he trabajado sin parar. Y también es romántica. Aquí me enamoré de Serge y después de Jacques Doillon y de Olivier Rolin (su actual pareja). El inglés es el idioma del humor, el de mis padres y mis hermanos. Cuando vuelvo a Inglaterra siempre veo a mi familia, nunca me he perdido unas Navidades con ellos. Mi vida ha sido un poco más francesa… En realidad, no sé de dónde soy y no me importa. Estoy a gusto en cualquier parte, de cualquier manera.»
Pero los británicos nunca han adorado a su chica díscola tanto como los franceses. Cuando a Jane le gustaba jugar a ser Juanita Calamidad, ellos no pudieron perdonarle los 20 segundos en los que apareció completamente desnuda (nadie lo había hecho aún) en Blow Up, de Antonioni. ¡Ella! ¡La mujer del músico que puso banda sonora a 007, el agente secreto de Su Majestad! «¡Qué escándalo!», se ríe ahora. Por supuesto, tampoco le aguantaron la cancioncita de los gemidos, cuya emisión fue vetada en la BBC. Los británicos siguen siendo para ella un reto. «En Inglaterra recupero mi ambición. Últimamente he hecho el papel de Andrómaca en Las troyanas, en el National Theatre, y después el de Gertrude, en Hamlet. Y los conciertos de Arabesque (su última gira) también fueron muy bien allí. Repetimos al menos cuatro veces en Londres y los llevamos luego por toda Inglaterra. En Manchester, por curiosidad, les pregunté a unas chicas por qué habían ido a verme. Para mi sorpresa, me dijeron: ‘Te buscamos en internet’. Ni siquiera me conocían.Los franceses están hartos de verme, pero no he salido casi en la televisión inglesa. Bueno , aquellas chicas habían oído Je t’aime moi non plus.»
J.B. tiene más que asumida la cara y la cruz de la famosa canción, las consecuencias, para bien y para mal, de aquel menage à deux que excitó a medio planeta. «Hablo de Je t’aime porque es, probablemente, la causa de que la gira haya llegado a todas partes: Hong-Kong, Yakarta, Australia y sabe Dios dónde más. Seguramente mi fama siempre se deba a eso. Un día, alguien dirá: ‘Se ha muerto Jane Birkin’. ‘¿Y quién era?’ ‘Pues aquélla de lara-ra-ra-raa », tararea dulcemente, pero con cierta desgana. «Sé qué canción van a poner en las noticias ese día. Pero también, que he tenido mucha suerte.»
Hace unos meses, J.B., cual Juana de Arco frustrada («Nunca podré hacer ese papel. Decir con este acento Quiero echar a los ingleses de Francia…, la gente se reiría») decidió vencer a sus compatriotas en su propio terreno. Y grabó Fictions, un disco cantado completamente en inglés, repleto de temas compuestos para ella por los hijos más modernos de la chanson (Dominique A. y Cali) y los últimos indies británicos (Romeo Stodart, de The Magic Numbers). Home, su primer corte, supone una declaración de intenciones. La hija pródiga quiere acercarse a casa. «Cuando Neil Hannon la escribió para mí, tenía en mente una especie de cortometraje, una película sobre cómo había sido mi infancia o quizá la suya, muy inglesa en cualquiera de los dos casos. Todos los niños británicos recuerdan el repicar de las campanas los domingos, las tostadas con mermelada y los cuervos en el campo… Era algo que yo le había pedido, quería que me escribiera una canción y utilizó la nostalgia de la infancia. Rufus Wainwright compuso otra, Waterloo Station, sobre un retorno heroico. La chica que se fue a París explica sus razones.»
Con tanta autobiografía, ¿por qué lo llamó Fictions? «Porque tenía que encontrar un título que sirviese en los dos idiomas. Carole Bellaiche me hizo una foto, hace dos años, en la que aparezco corriendo por la calle. Así que pensamos en incluir más, todas en París, y presentarlas como fotogramas de una película, como si fuesen cortometrajes. Me pareció una buena idea, porque quería volver al cine.» En este trabajo, la diva no ha olvidado a sus clásicos y ha incluido versiones de Kate Bush («pensamos en dejarlo, porque todos veíamos que nunca iba a conseguir ser tan buena como ella»), Neil Young y una deliciosa Alice de Tom Waits, que justificaría por sí sola todo el álbum: «Quise hacer un dúo con él hace tres años, pero no estaba libre. Esta vez le sugerí cantar Alice juntos (su anterior disco de dúos, Rendez-Vous, fue un éxito), pero tampoco tuvo tiempo. Así que, al final, me dije: ‘Bueno, lo haré yo sola’. Esa canción es una de las más bonitas que he interpretado nunca. De hecho, casi llamo Alice al disco.Además, mi hija Charlotte (Gainsbourg) tiene una niña que se llama Alice. Todo encaja».
J.B. cierra su disco con una única concesión al francés, un poema que Jane lee sobre Pavana para un infante difunto, de Ravel: «Siempre he querido recitar sobre una música de fondo, como hizo Serge. Ahora, cuando quiero sentirme nostálgica, pongo Mahler. Estoy descubriendo la música clásica, y no te lo digo porque sea una esnob, es sólo para que veas lo inculta que soy. Estoy recuperando el tiempo, como con los libros. No he leído uno desde hace 40 años, así que ahora busco a Thomas Hardy, Proust… Leo todo lo que puedo, porque no me queda mucho tiempo; así que estoy intentando cultivarme, como una vieja planta. Si alguien tiene un poco de… ¿Cómo se llama eso que se les pone a las plantas para que crezcan más rápido…?».
Las musas son inmortales pero, sin nadie que las invoque, se extinguen de aburrimiento. En Jane B. par Agnès V., la actriz aparece vestida con una túnica griega y coronada de flores, dando vueltas alrededor de un sepulcro de piedra. Despechada. Enfadada: «Toda la vida animándote, ayudándote a seguir, tirando de ti.¡Y vas y te mueres pronto! Si pudiera sacarte de ahí para partirte la cara, lo haría». Jane rodó esta escena en 1987, cuatro años antes de que Gainsbourg muriera y la musa de voz frágil e incisivos separados se quedara sin poeta.
Este año, Francia ha conmemorado a todo trapo el decimoquinto aniversario de su muerte. Se han sucedido discos y homenajes de los mejores enfants terribles de hoy, desde Placebo a Franz Ferdinand. ¿Le gustaría a Gainsbourg su música? «No lo sé, pero seguro que le encantaría ser apreciado por jóvenes como ellos, que no tienen problema en pasarse tres horas tirados en el suelo reescribiendo sus letras. Ver que le siguen, que hay chicas que traducen y cantan sus canciones…, le encantaría.» Cuando monsieur Gainsbourg se convirtió en su álter ego, el procaz Gainsbarre, que aparecía en la televisión quemando billetes de 500 francos, solía ponerse una chaqueta de piel de serpiente. «Yo le decía que era horrible. ‘¿Por qué llevas eso y no el traje que te hace parecer un intelectual?’ Solía llamarme Juanita Banana, así que me respondió: ‘Lo siento por ti, Juanita Banana. A las chicas les encanta y a los chicos, también…’. Le gustaba que le quisiesen.¡Así eran las cosas!»
Para Jane no ha sido fácil ver a Tarzán vestido de serpiente, todos estos meses, cada vez que encendía la televisión. «Es difícil a veces seguir adelante, porque la gente te pone en un lugar, con Serge, y eso es lo que recuerdan y lo que aman. Pero al mismo tiempo tengo la suerte de haber estado con la persona a la que más quieren y extrañan los franceses. Su tumba (en Montparnasse) es la más visitada; y su casa, (el famoso 5 bis de la Rue de Verneuil), también… Es duro ver su cara en la televisión y oír su voz. Me entristece mucho. Pero me alegro por él, porque sé que le dolía que los ingleses no le hicieran caso. Se sentía ofendido, porque intentó sacar un disco en Inglaterra y el jefe de Phonogram dijo: ‘Ni siquiera podemos entender por qué tiene éxito en Francia’. Cuando alguien te insulta así, duele. Por eso me alegro de que los ingleses consideren ahora Histoire de Melody Nelson como uno de los mejores discos de todos los tiempos. Los grupos jóvenes vuelven a él, y es una pena que generaciones anteriores no supieran apreciarlo, porque después de muerto no importa si la gente cambia de opinión cinco, 10 o 15 años más tarde.»
En 1998, Birkin se quitó un peso de encima y grabó A la légère, su primer disco sin una sola canción de su mentor, el chansonier más feo de su generación. Pero en 2002 volvió a él con Arabesque, una exquisita revisión oriental de clásicos como Baby alone in Babylone o Elisa, con arreglos del músico argelino Djamel Benyelles.El primer concierto surgió por casualidad, pero la gira, que ha durado más de tres años, ha pasado por Ramala, Tel Aviv y decenas de ciudades estadounidenses después del 11-S, adquiriendo una intención política que no estaba en su origen, pero que Jane asume y fomenta. «Llevé a París a un grupo de niños chechenos que bailaban, porque sé que cuando la gente les ve bailar aprende que no todos los chechenos son terroristas. De alguna manera, hicimos lo mismo en Estados Unidos con Arabesque… Sólo siento no haber podido ir a Texas, a lo mejor hubiéramos conseguido cambiar su mentalidad un poco.»
Hace 20 años, justo antes de cumplir 40, la dulce Janet se puso delante de la cámara de Agnès Varda y le contó retazos de su vida, salpicados de pequeñas ficciones. Hoy vuelve a hacerlo en Boxes. Pero hay cosas que no han cambiado: «Soy Jane Birkin, de origen inglés, mido 1,67. Me gustaría que me filmaran así, como soy de verdad. En camiseta, en pijama, descalza en el jardín.Mal peinada y sin maquillar. Ser actriz y cantante, pero anónima.¿No es una paradoja? No tengo ningún talento especial… Pero pasa el tiempo y estoy aquí… Y me seguís mirando».
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Publicado en Yo Dona (EL MUNDO)
Enhorabuena, eliges buenos temas y los cuentas bien. Seguiré repasando algunos de tus artículos.
Saludos