Una tarde de invierno salí a fumar a la calle y me encontré con Jim Jarmusch. Lo suyo, lo que hubiera hecho cualquiera en sus cabales, hubiera sido ofrecerle inmediatamente un cigarrillo y después invitarle a un café. Pero yo no lo hice. Ni aquella vez ni ninguna otra durante los dos meses siguientes cada vez que volvía a encontrármelo, casi a diario, en la puerta del edificio donde yo tenía mi redacción y él su oficina alquilada mientras rodaba en España The Limits of Control. Seguí bajando a fumar. Saludándole con un gesto (sólo si él estaba solo y yo también) y preguntándome si habría hecho buenas migas con el estanquero de la vuelta de la esquina que, por otra parte, no se parece nada a Harvey Keitel, y si hablaría con él sobre el primer Newport que se fumó en Ohio. Hasta que, un día, desapareció. Desde entonces he intentado evitar, metódicamente, ver fotos del rodaje en Madrid, leer las entrevistas que otros le hicieron después, apretar el play en el tráiler de la película colgado en YouTube y preguntarle nada al estanquero, para no dejar que la parálisis que, de toda la vida, me impide abordar a alguien a quien admiro volviera a avergonzarme.
Casi había olvidado su abrigo (nunca sus hirsutas canas) cuando lo volví a ver, en camiseta y bastante más joven, en la portada del pack con sus cinco primeros largos editados por Avalon para la colección Filmoteca de Fnac: Permanent Vacation (1980), Extraños en el Paraíso (Stranger than Paradise, 1984), Bajo el peso de la Ley (Down by Law, 1986), Mistery Train (1989) y Noche en la tierra (Night on Earth, 1991). Podía verlas por primera vez (algunas) o volver a verlas. No corría peligro. Por aquel entonces, cuando las rodó, yo aún no le conocía.

_Esto, lo que es, es una putada.
Dolores Calderón, vecina de Valencia de Alcántara (Cáceres), recibe en su móvil la llamada que le anuncia que acaba de ganar los 50.000 euros que la empresa de telefonía Vodafone sortea entre las personas que han enviado un SMS con la palabra FORRADO al número 1111.
La respuesta era Lyon. Conocer el nombre de la tercera ciudad más importante de Francia le valió el miércoles a José Manuel Lúcia Ferreira, paracaidista de 44 años, un premio de 396.000 euros, el mayor bote del concurso televisivo Pasapalabra desde que se emite en Tele5.
- Qué… ¿No echas hoy la Primitiva?
“Bonita, ¿quieres un caramelo?”. Mari Luz “se quedó parada en el portal”, declaró Del Valle. “Entonces salí a la puerta y le enseñé un chupachups”. Después contó que la niña comenzó a subir la escalera, se asustó, se cayó y se golpeó en la cabeza. Que entonces la metió en un carrito de la compra y se la llevó a una zona cercana. “Dejé a la niña sentada sobre una rejilla [...] Cuando me marchaba miré hacia atrás y me di cuenta de movía los pies. Al ver el panorama me fui ligero a mi casa y tiré el carro enfrente, en un contenedor de basura”,